Ultima Actualización: sábado 4 abril 2020  •  01:00 PM

Orgulloso del Iberia

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 15 marzo 2016

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”. (anónimo).

Con este escrito, no quiero entrar en polémica respecto a lo que tanto se ha comentado, mayormente por redes sociales sobre la visita del embajador norteamericano James  Brewster, al Instituto Iberia, porque ya ha sido lo suficientemente debatido, aunque en su gran parte basado en una aseveración desvirtuada.  Sí deseo hablar de mi experiencia como ex alumno de esa institución de la cual hoy más que nunca me siento digno y orgulloso de haber pasado por sus aulas.    
   
Estas aseveraciones la hago de forma personal y no por motivación alguna de ese centro privado, sin embargo, me voy en la necesidad como uno de miles y miles de estudiantes, hoy muchos de ellos profesionales, hombres y mujeres de bien, que pasamos por esas aulas y nos sentimos con orgullo por lo recibido.
  
Precisamente antes de ayer, se cumplieron 75 años que esta institución viene brindando más allá que enseñanza pedagógica, ha estado formando hombres, en su primera etapa y mujeres hace más de veinte años, en su segunda etapa; para dar su cuota de responsabilidad social al país.  Ha buscado inculcar los valores acordes a los que cada padre y madre ha confiado en sus manos, buscando que la misma haya podido ser la continuación del hogar en las aulas.
   
Para mis padres, fue una decisión determinante que requerían cambiarme de escuela nueva vez para intentar que pudiera entrar al Instituto Iberia, que en ese entonces estaba ubicado en la calle Del Sol.  Una vez hicieron la solicitud y tomado los exámenes, recuerdo que la decisión fue que Don Pepe, quien dirigía en ese entonces la escuela, le dijo a mi padre: “si desean entrarlo debemos bajarle un curso”.  Mis padres no dudaron y aceptaron la condición y así entraron también mis demás hermanos en sus cursos normales.
   
La mejor decisión que pudieron tomar mis padres en aquel momento fue la que indiqué más arriba.  Si hoy tengo ratificada, lo mostrado en mi casa, en cuanto a disciplina y responsabilidad; mucho lo debo a todo cuanto aprendí de la mano de directrices ofrecidas por Don Pepe y luego Don Víctor Martínez.
   
En cada etapa de la sociedad dominicana y en el caso específico de Santiago, esta escuela siempre estaba acorde al tiempo que marcaba el momento y lo que requería todo ser humano para ser lanzado a convivir en el medio social que le tocaba.
   
Cómo olvidar el canto a la Patria y lo que significa ese momento al inicio de cada mañana, la formalidad y el respeto. Cada curso le tocaba un día para subir, bajar y organizar la bandera.  Luego del mismo, Don Víctor revisaba cada estudiante para verificar que estuvieran sus pelos recortados, uñas, oídos, uniforme y zapatos limpios.  Además, algo que aún hoy día, cuando salgó de mi casa, sin un pañuelo me siento desnudo, era exigido de forma rigurosa.         

Que podría verse esto como algo militar, es posible, sin embargo, ofrecía un aprendizaje y enseñanza al alumno, más allá de los libros y lo habitual.
   
Cómo olvidar la cooperativa que se crearon en las cuales todo cuanto se vendía en el colegio, era administrado y dirigido por los estudiantes de séptimo y octavo, que eran los niveles más altos  a los que llegaba en ese entonces. Esto le daba al estudiante la responsabilidad de manejar dinero ajeno y rendir cuentas de forma minuciosa.  El recibir la mercancía, su despacho y su venta, daba la oportunidad de que fuera aprendiendo el trato y cuidado en los negocios y en la relación con otras personas.
   
Cómo olvidar el hecho de que todo iberiano se esmerara en mejorar en sus estudios y en propender a no ser mediocre como persona. Cómo olvidar el hecho de que debías leer, al menos, un libro mensual para explicar a modo de resumen lo que habías aprendido.  Cómo olvidar el hecho de que los viernes tenías la oportunidad de manejar  la clave Morse y con ello aprender de aquel tipo de comunicación. Asimismo, esos días, y previo a la educación física, todos los alumnos de séptimo y octavo, tenía la oportunidad que en pleno curso y de forma colectiva, cada estudiante, debía y participando haciendo una jugada, hasta que se terminara el juego.
   
Cómo olvidar la entrega de todos los profesores y profesoras en la dedicación de la enseñanza y el clima que se vivía.  Cada alumno debía estar consciente, porque así se le hacía saber, el respeto que debía existir hacia el docente y entre cada estudiante.  Cómo olvidar leer y leer una y otra vez, la obra clásica del Quijote y la explicación de Don Víctor para su uso en la vida diaria, era todo un maestro.  Cómo olvidar las obras de teatro hecho con los mismos títeres que eran elaborados por los propios estudiantes.
   
Estoy más que consciente que este trabajo no me permite establecer las tantas enseñanzas, tanto de lo que mandaba la currícula  de entonces, como aquello que estaba fuera del mismo, que a mi modo de ver, era de mayor importancia porque te hacía una mejor persona y un ser humano.         

Cómo olvidar que parte de lo que fui luego como estudiante y como hombre, junto a la educación de hogar, se lo debo al Instituto Iberia, a Don Pepe, su esposa, Doña Luisa, Don Víctor y aquel personal de maestros que se consagraban.  Hoy, quien está al frente de la institución a la que me he referido, Víctor José Martínez, cumple un legado, como un compromiso con esta sociedad y un apostolado, no de su abuelo y padre, sino porque también recibió el mismo pan que hoy intenta brindar a otros.  Orgullosamente, soy Iberia.