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Las armas que mataron a Mateo

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 14 marzo 2016

Las lamentables circunstancias en que murió el exrector de la UASD, Mateo Aquino Febrillet, vuelve colocar en agenda el tema de las armas de fuego en manos de la población. Una vida útil se nos fue. Cuando me enteré de lo ocurrido pensé: en ciertos casos una bala debería convertirse en bumerán.

Algunas voces solicitan dejar sin efecto la prohibición de importar armas de fuego (decreto 309-06). Alegan que la disposición es ineficaz, pues los malhechores siempre buscan la manera de adquirirlas mediante métodos fraudulentos.

Afirman que la norma propició el surgimiento de un amplio mercado negro en perjuicio de las armerías establecidas, que abastece de armas ilegales a todo aquel que tenga dinero para comprarlas.

Para muchos tener un arma de fuego es sinónimo de prestigio social. Si alguien gana la lotería o recibe unos chelitos por ahí, lo primero que adquiere es una pistola o un revólver, aunque no tenga luego qué comer o no pueda pagar la educación de sus hijos.

También la mejor muestra de que se está en el poder es llevar un arma al cinto, y exponerla como un trofeo. Es más, me he enterado de personas que se mudan de partido político a cambio de uno de esos instrumentos. Otros prefieren que en su trabajo les asignen un arma a que les aumenten el salario.

Este amor por las armas nos causa serios inconvenientes, especialmente porque no todos reúnen las condiciones para portarlas. Por ello, amplios sectores reclaman mayor control al respecto. Casi a diario una familia se enluta por la irresponsabilidad de un individuo de gatillo alegre. Además, según las estadísticas, el que posee una tiene más posibilidades de encontrarse un problema, incluso morir, que el que anda solo con la precaución como defensa.

Desde hace años se debate un proyecto de Ley de Porte y Tenencia de Armas que podría ser interesante. Que  se prohíba o no la importación de armas de fuego es secundario. Lo trascendente es su regulación en todos los sentidos y el uso que la ciudadanía debe darle. Hay que educarnos al respecto. Literalmente hablando: estamos enfrentados a un asunto de vida o muerte.

Lo de Mateo Aquino Febrillet fue triste. Al menos quizás nos motive a pensar el asunto de las armas de fuego con la seriedad que amerita.