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Breves reflexiones sobre la verdad y la justicia

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 15 febrero 2016

Lo escribió Santiago Ramón y Cajal: “¿Alardeas de carecer de enemigos? Veo que te calumnias. ¿Es que jamás a nadie dijiste la verdad ni realizaste un acto de justicia?”.

La verdad con frecuencia duele y no todos están preparados para recibirla. La verdad atormenta a veces de tal modo, que muchos eligen no conocerla por su propia voluntad y huyen cuando alguien pretende decirla o se hacen los tontos cuando les llega de forma escrita.

Por otro lado, los actos de justicia, en el humano mediocre de espíritu, provocan más críticas que aplausos. Algunos piensan que detrás de las acciones justas hay malas intenciones. Parece que los hombres y las mujeres de bien pierden crédito en una sociedad que adapta los valores morales a las no siempre positivas conveniencias particulares.

En esta breve reflexión pido a Dios que me conceda valor para enfrentar la verdad y  me otorgue fuerzas para realizar actos justos.

En nuestro caminar, expresemos nuestras convicciones, aunque duela y aunque estemos equivocados sin saberlo.  Baltasar Gracián, casi mi autor favorito, escribió que es tan difícil decir la verdad como ocultarla. Y, caramba, en sociedades donde impera el disfraz y ciertos comportamientos de avestruz, hay que ser bastante guapo para andar por ahí externado verdades, diciendo lo que es, lo que pocos se atreven a cantar.

Incluso, hay seres tan cobardes que prefieren no conocer la verdad, porque ésta los atormenta, les obstaculiza los bombeos del corazón, los debilita emocionalmente. Prefieren el embuste, porque no mortifica tanto como la verdad.

¡Ay! Me apenan esos infelices que carecen de vida, de pasión, de ego sano, que se van por las ramas, que aman lo superficial, que no tocan el fondo, que se ciegan a la realidad, que se venden para que el poder no los destruya, que se adaptan a lo que les permita estar en el juego, aunque todo esto convierta su honor en una piñata, donde hasta los niños le entren a palos.

“Verdad”. Esa palabra tiene peso. Hay que ser un gigante moral para pronunciarla. No todos tienen la fuerza de levantarla y llevarla orgullosos en sus hombros, y exhibirla como un trofeo. Y la verdad tarde o temprano resplandece, íntegra, audaz, potente, feliz, libre, mirando desde las alturas a los insignificantes que quedaron intactos en el fango, atrapados eternamente entre la falsedad y el engaño.