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En mis casi 47 años
Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 12 enero 2016

Para este próximo jueves 14 de enero recibo con alegría mis cuarenta y siete años, y los acojo con gran felicidad y alegría, consciente que la vida la mejor manera de vivirla es segundo a segundo, minuto a minuto.  

Cuando has tenido unas segundas oportunidades para vivir, puedes seguir la misma como si nada hubiese ocurrido o acoger con sabiduría todo cuanto te ha ocurrido y convertir todo esto en cosas buenas, no solamente para ti, sino para todo aquel que te rodea.  Porque de otra manera, en esta última parte, simplemente, no tendría sentido.
   
Hace tiempo mis padres me enseñaron que aprendiera a sonreír la vida, y que a los malos momentos se enfrentaban recordando los buenos. Esto lo he ido reafirmando luego del 2010.
  
He aprendido que los años no pueden irse contando cada vez que transcurren, que de alguna manera todo lo que va ocurriendo a tu alrededor sea, no de lamento, ni de angustia, ni desesperación, sino de crecimiento y sabiduría.  Muchas cosas pueden suceder en tu entorno, pero dependerá de ti, en qué forma te afectan o ayudan.  
   
Pienso que una vida es perdida: Si no tiene la capacidad ese ser humano de darse cuenta de sus errores, enmendarlos;  que no haga que su vida sea de mayor provecho y que pueda transformarse asimismo y a todo aquel a quien le toque relacionarse. Que sea capaz de hacer el mayor esfuerzo y ahínco en los sueños y metas que se ha trazado.  Que no esté haciendo lo que realmente le gusta y le apasiona, y te malgastando su tiempo, en el miedo, la desconfianza en sí mismo, porque le teme o cree en llevar  a cabo las cosas en las que cree, y vive su vida transándola con el temor en llevar a cabo.

En estos casi cuarenta y siete años, he aprendido a dar gracias a Dios cada mañana por lo que me ha dado, por lo bueno que ha sido conmigo y por derramar toda su gracia en mi familia y en quien escribe.  Por haberme dado un hogar en el que me educaran con integridad, dignidad, respeto, responsabilidad, disciplina, coherencia, con ejemplo hacia el esfuerzo, tesón, honestidad y constancia.  Donde siempre hubo amor, cariño, afecto y comprensión.  Por haberme dado unos padres que su mejor legado es y ha sido, su ejemplo y hoja de vida.
   
He aprendido, en estos casi cuarenta y siete años, a dar gracias a Dios, por los seres queridos, amigos y compañeros en labores que he realizado en algún momento, y que me han demostrado sus sentimientos de forma real y vivencial, no solamente en palabras.  Doy gracias a Dios, por la familia pequeña que me ha dado, Katty, mi esposa, una luchadora, guerrera, con un corazón inmenso y una honestidad fuera de serie.         
Mis hijos, Miranda y Mauro, dos regalos, que no estaba supuesto a recibir, sin embargo, en algún momento, no se cuándo, el Creador, hace tiempo decidió hacer milagros en mi  vida, sin que la permanencia física me pueda dar la oportunidad para mostrarle mi gozo.  
He aprendido en estos casi cuarenta y siete años, que con Dios delante, cumpliré el próximo jueves, en que como ser humano con defectos, haya aprendido en que se pueden mejorar para transformarte.  ¿De qué te vale vivir la vida, si de alguna manera lo que has experimentado, no te sirven para moldearte?
   
Leí hace poco: “que las carreteras derechas no hacen conductores hábiles”.  Esto lo traduzco al presente artículo en el sentido de que: por más experiencias negativas que hayas recibido, no las maldigas, ni les pongas odio en tu corazón fruto de ellas, sino que aprende a recibirlas como una fuente de seguir adelante, de luchar, fortalecer tu espíritu, de aprendizaje y sabiduría.
   
He aprendido en estos casi cuarenta y siete años, a ser un hombre feliz y agraciado de estar rodeado de personas que de forma sincera, me quieren y aprecian por lo que soy, con mis virtudes y defectos.  Como dice el cantautor, Alberto Cortez, en una canción de la chilena, Violeta Parra, y que han interpretado muchos, como Mercedes Sosa, incluyendo al primero, cuando dice, en uno de sus partes, lo siguiente: “…gracias a la vida que me ha dado tanto.  Me ha dado la risa, Y me ha dado el llanto,
Así yo distingo,
Dicha de quebranto,
Los dos materiales,
Que forman mi canto,
Y el canto de ustedes,
Que es el mismo canto. ”.