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Una visita interesante al The Franklin Institute

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  sábado 19 septiembre 2015

Quien se encuentre en Filadelfia -Estados Unidos- y no se llegue  por The Franklin Institute, es como si no hubiese pasado por ese pueblo. Sería igual que -por ejemplo- el que visita a Santiago de los Caballeros y no se llega por el Monumento a los Héroes de la Restauración o el que va a La Habana, Cuba,  y no visita el Palacio de la Revolución.
   
Invitado por mi querida hija Claribel  -Claruchi como le llamo  de cariño- tuve el privilegio de recorrer  ese interesantísimo lugar durante mi más reciente viaje a los Estados Unidos y, claro, al valle del Delawre.
  
 Eso sí, llegar hasta The Franklin Institute significó  para nosotros toda una terrible odisea. Resulta que Claruchi -temiéndole al asunto del parqueo- no quiso irse en su propio vehículo y, en cambio, prefirió que Don Luis -un allegado a la familia- nos diera “un empujón” esa tarde.
   
Cielito -mi nieta de 11 años que nos acompañaba- estaba confundida en cuanto a la dirección exacta y al museo que quería ir, y por eso nos quedamos en el centro de la ciudad, creo que próximo a la sexta avenida.

Dimos como “cuchocientas” vueltas buscando el instituto sin éxito alguno. Cielito, que había sido la inspiración inicial para la visita, no quería ir a ningún  otro que no fuera al de ciencia e historia The Franklin Institute.
   
Entre averiguaciones y averiguaciones, y cruza aquí y cruza allá, determinamos que este lugar  estaba a “queseyo” cuantas cuadras de donde nos encontrábamos, exactamente en la 20 nos dijeron, y hacia allá enfilamos casi corriendo porque también el tiempo apremiaba y no queríamos  llegar la hora del cierre.

¡Que tarde aquella!, mi madre. Llegamos al lugar con literalmente “la lengua afuera” porque, además, se estaba en pleno verano y las temperaturas eran, por tanto, sofocantes. Aunque -debo consignarlo- el esfuerzo bien que valió la pena. Yo haría un sacrificio mucho mayor todavía -si fuera el caso- siempre y cuando se trate de visitar un establecimiento tan importante como este.
  
Les juro que en mis años de vida -bueno cumplí 62 el pasado 21 de febrero- no había tenido la oportunidad de visitar un museo como este. ¡Cuántas cosas que ver, Santo Dios! ¡Cuantas!      Apenas seria como una hora el recorrido -claro nos faltó tiempo- pero la aprovechamos al máximo y aprendimos  bastante, además de entrar en contacto con el pasado y el presente.
  
Desde que se pone un pie dentro de la gigante edificación el visitante comienza a asombrarse por el tipo de estructura, asombro que va en aumento a medida que se avanza en el  recorrido de las instalaciones.
  
 Hay que destacar que este es el  único museo ¡en el mundo ¡ dedicado a la vida, obra y legado de Benjamin Franklin que cuenta con 45 artefactos históricos, la mayoría del siglo 18.
  
 El museo explora los lugares donde Franklin trabajó, como el Independence Hall; las instituciones que fundó, como la Sociedad Estadounidense de Filósofos; las atracciones que llevan su nombre, como el Instituto Franklin, y el arte público inspirado en él, como el Bolt of Lightning.
  
Fue construido justo al lado del lugar donde vivió quien es el  padre fundador de la nación a mediados de los años 1700s en Filadelfia. El museo fue originalmente para la celebración del Bicentenario en 1976,  y ocupa  un espacio de 9,500 pies cuadrados.
   
Hay que recordar que  Benjamín Franklin fue un gran inventor y que entre sus creaciones figuran las aletas para nadar, los bifocales y hasta el pararrayos aunque ninguno de   sus inventos fueron patentados.
   
Aquí los amantes de la historia y la ciencia pueden  profundizar en los  aspectos de la vida de este gran ciudadano de la humanidad, inventor y filósofo a través de artefactos personales, animaciones computarizadas y exhibiciones interactivas.
   
Ninguna visita al Instituto Franklin estaría completa -sin embargo-  si no se pasa por el ícono que generaciones aman con todo su corazón ¡el corazón gigante! A Claruchi, Cielito y a este servidor fue una de las cosas que más nos impresiono.
   
¡Para los estudiantes de medicina o doctores en ejercicio, un palo!, pensé para mis adentros. (Me acorde en estos momentos de mi amiga Nieves Fernández, médica en ejercicio en Santo Domingo).
  
 En sentido general, aquí se alcanzan nuevos conocimientos sobre la anatomía y fisiología del cuerpo humano a través de exhibiciones interactivas que hacen hincapié en la importancia del ejercicio, dieta saludable y mantener un estilo de vida equilibrado.
   
Uno puede ser participe de una cirugía a corazón abierto o averiguar –uno mismo puede hacerlo- la cantidad de sangre que tiene nuestro cuerpo, además de arrastrarse a través de una arteria gigante o ver un cómo funciona un esqueleto humano. Y debo dejarlo aquí por falta de espacio pero me faltan muchas más cosas que contar. En otra Trinchera lo haré.
   
Recuerde que el saber no ocupa lugar.  Cuando viaje a EEUU y se de una vuelta por Filadelfia, no deje de visitar este maravilloso lugar ya que -estoy seguro- significará una experiencia inolvidable para usted y acompañantes. El Instituto Franklin está ubicado en la 222 North 20th Street Philadelphia, PA 19103.