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Una aclaración necesaria y una reflexión positiva

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  sábado 22 agosto 2015

Las lectoras y lectores habituales de esta Trinchera de seguro advirtieron "algo raro" en la  entrega del pasado sabado y, ciertamente, hubo una confusion. Sucedio que envie dos correos al periódico: el primero con unas declaraciones exclusivas que me ofrecio el embajador de Republica Dominicana en Washington, José Tomás Pérez, quien tuvo a bien recibirme -junto a mi hijo Felix Lisandro- en su despacho de la sede diplomática en esa capital norteamericana, y el segundo, era la columna correspondiente a ese dia en la que describia mis impresiones de la Gran Parada Dominicana en Nueva York, en la que estuve participando "directo y en vivo" como diría mi querido hermano José Bretón, y adelantaba detalles de lo que sería el Desfile y Festival Dominicano en Philadelphia, en el que también estuve presente.
   
Entonces, pienso que hubo una confusion y en vez de extraer la Trinchera que titulé “Los dominicanos en EEUU, alante, alante”, se publicó la nota que había hecho sobre las declaraciones de José Tomás (que las envie para que fueran publicadas en otra página de este diario), y de ahí que el cambio que sufrió esta columna en su salida más reciente.
   
Tenía por obligatoriedad que hacer esta observación porque es casi seguro que mis seguidoras y seguidores consuetudinarios se estuviera preguntando, pero bueno y que le sucedio a Bretón este sábado que nos trae una simple información como columna y no las habituales opiniones como nos tiene  acostumbrados en cada entrega.Agradezco la comprensión.
   
Por lo demás, me encuentro nuevamente en los Estados Unidos desde el pasado 30 de julio aprovechando mi estadía para participar en una serie actividades y cumplir algunos compromisos familiares. Como dije, estuve en la Gran Parada Dominicana en NY -el pasado domingo 9- y el siguiente  domingo 16 de agosto, me integré al Desfile y Festival Dominicano en Filadelfia. De esto hablaré con amplios detalles en próximas entregas. Regreso "un dia de estos" a mi  país.

Ahora los dejo con esta interesante reflexión:

Quiero ser un televisor!

 En la oscuridad de su habitación un niño junta sus manos, cierra los ojos y eleva una plegaria a Dios:

“Querido Jesús, yo quisiera que mañana temprano me conviertas en una televisión. Debe ser fantástico.
   
En la casa hay un rincón especial para la televisión.       Es el único sitio donde nos reunimos todos en familia, aunque no conversamos ni nos miramos mutuamente.        
Allí a la única que se le permite hablar es a la televisión y todos, papá, mamá y mis hermanos, no dejan de observarla ni un solo instante. Que suerte tiene la televisión.
   
Cuando llego del colegio, mi mamá está preparando el almuerzo . Yo quiero contarle todo lo que ha pasado durante la mañana, pero ella me dice que en ese momento no puede prestarme atención.
   
Yo comprendo, mientras ella cocina, observa cuidadosamente a dos personas hablando por la televisión y si yo la interrumpo se le puede quemar la comida. A veces siento celos de la televisión.
   
Cuando papá llega a la casa dice que está cansado, que no lo molesten, y se instala frente al televisor. Si yo me acerco a contarle algo, se pone de mal humor, me manda a callar y no me hace caso.
   
En cambio, la televisión puede decirle cualquier cosa y el sigue prestando atención sin interrumpirla, sin ponerse guapo.          En ocasiones  hasta come frente al televisor para no perderse nada de lo que ella dice. La televisión debe sentirse muy bien.
   
Cuando yo estoy fastidiado y quiero jugar con mis hermanos, ellos me dicen que no los interrumpas con niñerías, que están viendo televisión y que si quiero estar allí debe ser en silencio y sin molestar. La televisión debe divertirse mucho con mis hermanos.
   
Debe ser maravilloso sentirse el centro de atención de toda la familia, así que, querido Jesús, mañana en la mañana yo quiero ser un televisor.”
   
¿Cuántas veces no le hemos dedicado el tiempo que nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros cónyuges y nuestros hijos se merecen, todo por ver televisión, jugar con consolas de videos , navegar por Internet , hablar por teléfono o estar pendientes de los mensajes de texto?
   
En teoría queremos más a nuestros seres queridos, pero en la práctica muchas veces dedicamos más tiempo, espíritu y energía a las cosas en lugar de a las personas. ¿Cuáles son realmente nuestras prioridades?