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Una historia.

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 13 agosto 2015

Hola asiduos lectores.

Ayer, como todos los días,   tome un carro público para llegar a casa.  

Dejaba volar mi mente  mirando los alrededores por donde transitaba, cuando escuché una conversación que tenían dos pasajeros, específicamente una madre y su hija.

La hija emocionada le platicaba a su madre que había decidió optar por la carrera de Contabilidad cuando iniciara la universidad, a lo que su madre contestó:

‘’ ¡Contabilidad! Pero tú te estás volviendo loca, esa no es una carrera para pobres, eso lo estudian los ricos,  y nosotros no lo somos. Estudia otra cosa mi hija, eso no es para nosotros. Ahí hay que tener cuñas para que te den un trabajo’’.

Les cuento que quedé sorprendida ante semejante comentario. Entonces no dude en interrumpir la conversación y decirle:

‘’Disculpen que las interrumpa, pero ese comentario lo escuche en alguna ocasión cuando decidí estudiar Comunicación Social. Como usted me dijeron que esa no era carrera de pobres y que para obtener un trabajo debía de tener muchas relaciones, ya que nadie logra un puesto así por así. Hoy día soy graduada de lo que en verdad me apasiona y he trabajado en medios de comunicación de renombre. Y sabe que, no tengo un apellido pomposo, no tuve una cuña que me recomendara y ni siquiera tuve que intercambiar mi cuerpo por un puesto.

 Es cierto que todo lo anterior te hace llegar más rápido, y que siendo pobre, como usted dice, hay que pasar mucho trabajo, pero se puede lograr.  Tener el talento te hace permanecer en cualquier área’’.

 No nos  dejemos persuadir por la categoría de ’’pobres’’ que nos quiera poner el otro, esa no es una condición que nos debe impedir tocar las estrellas.

La clave está en tocar puertas aún cuando nos duelan los tendones de las manos, porque al final,  SIEMPRE  Dios abre la puerta al guerrero persistente.

Disculpen lo que diré ahora, pero… ¡que se joda todo el mundo, para mí no hay imposibles!

Posdata: Una canción: LiLi Gootman titulada que nadie me diga.