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¿Está usted domesticado?

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 3 agosto 2015

El humano domesticado es un ser rendido ante la vida, alguien sin vuelo propio, sin personalidad definida. El humano domesticado es masa que se moldea con facilidad, a merced del capricho del panadero, pues no tiene consistencia ni esqueleto.

El humano domesticado es un caballo domado, que sólo vive de instintos, de actos silvestres, primarios, primitivos, con la diferencia a favor del animal que éste relincha y patea por orgullo y el humano domesticado lo hace por ñoñería.

El humano domesticado apenas aprende a gatear, y sigue así eternamente,  arrastrándose, sin lograr estar erguido, y se conforma con mirar al suelo, con miedo de observar las alturas y de respirar al compás de una conciencia libre.

Al humano domesticado se le somete y jamás protesta, pues carece de ímpetu, y por ende, de imaginación, de entusiasmo, de ganas.

El humano domesticado solo es protagonista de este artículo. Ni sobra ni falta. Ni huele ni “jiede”. Su cara no se recuerda, y su presencia no se nota ni que ande vestido de “lechón cuajao” en un velorio de campo.

Estamos en una época de seres domesticados, hombres y mujeres atados a enormes horarios de ocio intelectual y de bombardeos a la ética, que se conforman con un sueldito,  con ir al baño por las mañanas, sin hacer un razonamiento útil durante todo el día.

 ¡Ay! Son personas embotadas, cuyo cerebro y corazón  se quedaron cual lápiz sin punta. Somos el producto de informaciones interesadas que nos anulan el juicio y nos convierten en esclavos de lo superfluo, de lo barato, y compramos disparates, nos desvivimos por tonterías y nos atormenta lo insignificante.

Y pasamos por la vida buscando que nos den forma, sin tocar nunca el fondo, que se haga con nosotros la voluntad de los demás, como si los otros fueran dioses.

 Hay humanos tan domesticados que de tanto cuidar su imagen la han borrado y ni su sombra los sigue. La docilidad absoluta atormenta, inspira lástima.

En la vida hay que estar dispuesto a rebelarse, a ser auténtico, a contradecir, a  equivocarse. Hasta tener su pequeña dosis de salvajismo y de locura es positivo, lo cual puede lograrse a plenitud no solo respetando la moral universal, sino luchando por defenderla.

Evitemos ser domesticados, que este mundo es de los fuertes de espíritu y de los que son guiados por ideales grandes, nobles y puros.