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El caso laboral de Javier
Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 27 julio 2015

Javier tiene siete años trabajando en el colmado de Gerardo, su compadre. Con lo que gana sobrevive. En algunos meses, cuando la venta cae o cuando los grandes especulan, hasta gana más que su empleador. Son amigos de verdad. Quien va al negocito no distingue bien cuál de los dos es el propietario.

Aunque sabe leer y escribir, Javier desconoce lo que son las vacaciones; eso sí, tiene presente la regalía (salario de Navidad), porque en esa fecha hay que tener sus chelitos. No tiene idea de sus derechos al pago horas extras y de días feriados y no laborables.

Por su parte, Gerardo es totalmente iletrado. Su vida es silvestre. Eso del Código de Trabajo le es extraño, al igual que las leyes de la Seguridad Social, las planillas y lo que llaman Declaración Jurada ante la Dirección General de Impuestos Internos. Tampoco lleva cuentas de lo que le paga a Javier.

Hace días nuestro protagonista debió ir al “huacalito” (Edificio de Oficinas Públicas Presidente Antonio Guzmán, en Santiago), para procurar su pasaporte, porque una tía de los “nueva yores” le había prometido que “le sacaría los papeles del viaje”. Estaba emocionado, sin negar que en caso de éxito, Gerardo le haría falta.

Cuando entró al edificio se le acercó un buscón y le preguntó en qué podía ayudarlo. Javier empezó diciendo que había pedido un permiso en el trabajo y que… El buscón lo interrumpió y le aseguró que su problema estaría resuelto. Lo dirigió a la oficina de un abogado para conversar. Javier juraba que tocarían el caso de su pasaporte.

Ya en el despacho del leguleyo, le hablaron de derechos adquiridos y prestaciones laborales, de que su patrono lo estaba explotando, de que lo demandara… le pusieron la cabeza loca. Y al final firmó unos papeles de algo parecido a una dimisión, le compraron su demanda por tres mil pesitos  y le dijeron que no volviera más donde el malo de Gerardo.

Y demandaron a Gerardo, sin saberlo Javier. Y embargaron a Gerardo,  quebrándolo de por vida. Y Javier se quedó sin empleo. Y lograron que Javier y Gerardo ahora sean enemigos a muerte.

Eso ocurrió de verdad, en la Ciudad Corazón.