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Esopo, Zorba, Tsipras y la realidad griega (2 de 2)

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 23 julio 2015

A Zorba el griego lo recuerdo por la magnífica actuación en la película protagonizada por Anthony Quinn que por la novela de Nikos Kazantzakis, y por el excelente trabajo del director Michael Cacoyannis, la formidable música compuesta por Mikis Theodorakis, la fotografía de Walter Lassally, y por el reparto con actores y actrices cualificados como el propio Quinn, Alan Bates, Irene Papas, Lila Kedovra…  Todo un trabajo en equipo que convirtió la producción en una obra maestra del cine.

            El personaje de Zorba el griego que trata el guión es el de aquel joven británico llamado Basil que viaja a la isla griega de Creta a los fines de recuperar una mina abandonada que heredó, y, de alguna manera, darle sentido a su vida. Allí conoce a  Zorba, “un pintoresco personaje, que lo sorprende con su alegría, su vitalidad y ante todo con sus palabras sueltas, atrevidas, inteligentes, inesperadas…” como muy bien lo describe el crítico de cine E. Posada.

            Eso es Zorba, un vagabundo. Un vivo, como se dice por estos lares. Un bebedor y bailador. Mujeriego y sin trabajo. Un personaje que siempre encuentra una razón o sinrazón o capaz de transarse con el conformismo con tal de seguir con su vida “atrasada, pobre e ignorante”.

            El protagonista Anthony Quinn cautivó a los públicos del mundo, encarnando quizá el rol más importante de su vida artística. Nos atrajo con sus gestos, sus movimientos, sus sonrisas y con aquella sincronizada y bucólica coreografía que se aceleraba mientras mantenía los brazos abiertos en cruz y sus piernas iban “dibujando las notas”…

            Pero la fábula de Esopo y la novela de Kazantzakis son solamente eso: obras de ficción.  Pero lo que sigue es distinto. No es una fantasía, es la realidad misma. Donde se juega la vida de millones de personas. Alemania lo sabe muy bien porque padeció intensa hambruna y destrucción durante la Segunda Guerra Mundial

            El tercer personaje que emerge en Grecia es Tsipras. Un hombre de años, elegante, admirador del fútbol, ingeniero civil, admirador del Che Guevara, que conduce su propia motocicleta y prefiere usar la camisa sin corbata,  posee una buena oratoria en la forma sin importar el contenido de la misma, el populista que prometió acabar “con cinco años de humillación y dolor en Grecia”, golpeada por la crisis económica, la austeridad, la corrupción… el que ganó en el mes de enero del 2015. La misma persona que convoca a su pueblo a través de un Referéndum  (5 de julio del 2015. Ese día ratificó acabar con la austeridad y a poco tiempo cerraron los bancos) tras la ruptura de las negociaciones, rechazando las duras condiciones económica de sus acreedores, logrando triunfar su propuesta; la misma persona triunfadora de esa consulta es la que hace exactamente lo contrario de su propia propuesta y refrendada por su pueblo; es la misma persona que llega más lejos, aceptando una propuesta en condiciones más crueles que las originalmente fiadores.

            Ese es el punto. El deudor ofreció más de lo que le solicitaron los acreedores, y puso a su pueblo con los brazos en cruz para una danza macabra, larga y difícil para Grecia.