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DÍA DEL MAESTRO

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 30 junio 2015

Aparte de felicitar al maestro dominicano hoy, en su día, quizás convengan reflexionar acerca de la importante función que este ejerce en el seno de la sociedad.  

Al decir de nuestro primer pedagogo, Dr. Jacobo Moquete, se trata  de una tarea  « sumamente delicada en el sentido de las relaciones humanas dentro y fuera de la escuela…» Porque «Su comportamiento, quiérase o no, sirve de modelo para los alumnos y aun para muchas otras personas de la comunidad…» Y porque «Su condición de expositor de verdades en el aula, le obliga a llevar una vida en la que los aspectos teóricos que pregona coincidan con la práctica de su vida…»

En parecidos términos se expresa la Premio Nobel, maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral cuando recomendaba aquello de «Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto, la palabra»

Cuando así se comporta,  el maestro entonces se convierte en un líder comunitario, susceptible de ser imitado en todo momento por las múltiples generaciones de alumnos que han recibido sus lecciones.

El  maestro ideal, según, Luis Alves de Mattos, «Es el que estimula y orienta. Prepara para la investigación, despierta curiosidad, desenvuelve el espíritu crítico, invita a la superación y muestra los valores de la cultura. Es el que orienta por la convicción, por la persuación, por el ejemplo, y nunca por la distancia, la indiferencia o los caprichos»

La verdadera naturaleza  del trabajo docente, vale reiterarlo,  parece ser no comprendida del todo por muchos de los maestros que lo ejercen. De ahí  sus inconductas sociales, su incumplimiento, sus tardanzas y ausentismo laboral,  su falta de actualización, su indeseable trato a los alumnos,  sus improvisaciones o falta de planificación, etc.

 Y parece no ser comprendido igualmente por los gobiernos que hemos tenido, los cuales no le han garantizado al maestro las condiciones materiales  de existencia que le permitan ejercer su labor altamente motivado. De ahí los bajos salarios, la ausencia de incentivos y de  un auténtico seguro de salud. De ahí que  un maestro, después de treinta o más años ininterrumpidos de servicio, reciba por concepto de jubilación la pírrica suma de RD$15,000 mensuales, mientras que  a  otros servidores, con menos tiempo, los vemos disfrutar de hasta  medio millón de pesos por el mismo concepto.

No obstante esa realidad,  contamos con una digna representación de educadores que realizan con dedicación, amor y responsabilidad el noble oficio que la sociedad puso en sus manos. A todos ellos, en este “Día del Maestro”,  tenemos necesariamente que desearles: ¡MUCHAS FELICIDADES!

Aparte de felicitar al maestro dominicano hoy, en su día, quizás convengan reflexionar acerca de la importante función que este ejerce en el seno de la sociedad.  

Al decir de nuestro primer pedagogo, Dr. Jacobo Moquete, se trata  de una tarea  « sumamente delicada en el sentido de las relaciones humanas dentro y fuera de la escuela…» Porque «Su comportamiento, quiérase o no, sirve de modelo para los alumnos y aun para muchas otras personas de la comunidad…» Y porque «Su condición de expositor de verdades en el aula, le obliga a llevar una vida en la que los aspectos teóricos que pregona coincidan con la práctica de su vida…»

En parecidos términos se expresa la Premio Nobel, maestra y poetisa chilena Gabriela Mistral cuando recomendaba aquello de «Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto, la palabra»

Cuando así se comporta,  el maestro entonces se convierte en un líder comunitario, susceptible de ser imitado en todo momento por las múltiples generaciones de alumnos que han recibido sus lecciones.

El  maestro ideal, según, Luis Alves de Mattos, «Es el que estimula y orienta. Prepara para la investigación, despierta curiosidad, desenvuelve el espíritu crítico, invita a la superación y muestra los valores de la cultura. Es el que orienta por la convicción, por la persuación, por el ejemplo, y nunca por la distancia, la indiferencia o los caprichos»

La verdadera naturaleza  del trabajo docente, vale reiterarlo,  parece ser no comprendida del todo por muchos de los maestros que lo ejercen. De ahí  sus inconductas sociales, su incumplimiento, sus tardanzas y ausentismo laboral,  su falta de actualización, su indeseable trato a los alumnos,  sus improvisaciones o falta de planificación, etc.

 Y parece no ser comprendido igualmente por los gobiernos que hemos tenido, los cuales no le han garantizado al maestro las condiciones materiales  de existencia que le permitan ejercer su labor altamente motivado. De ahí los bajos salarios, la ausencia de incentivos y de  un auténtico seguro de salud. De ahí que  un maestro, después de treinta o más años ininterrumpidos de servicio, reciba por concepto de jubilación la pírrica suma de RD$15,000 mensuales, mientras que  a  otros servidores, con menos tiempo, los vemos disfrutar de hasta  medio millón de pesos por el mismo concepto.

No obstante esa realidad,  contamos con una digna representación de educadores que realizan con dedicación, amor y responsabilidad el noble oficio que la sociedad puso en sus manos. A todos ellos, en este “Día del Maestro”,  tenemos necesariamente que desearles: ¡MUCHAS FELICIDADES!