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¡Hasta siempre, camarada Ramón Almánzar!
Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  sábado 30 mayo 2015

La noticia llegó de sorpresa, como un rayo en medio de la quietud del día o de la noche: Ramón Almánzar -un fiel, noble y aguerrido amigo y camarada-  acababa de morir en un centro asistencial de Santo Domingo. No quería darle crédito a la información recibida por lo que, en medio del nerviosismo indagué en distintas fuentes.
    
Solo cuando leí en uno de los periódicos digitales -el Listín Diario para ser más específico- que el doctor Fulgencio  Severino, dirigente principal del Movimiento Patria Para Todos (al que Ramón pertenecía en calidad de vicepresidente) lo confirmaba, entonces fue cuando me rendí y admití la realidad.
    
Es otra muerte que me ha golpeado, que me ha lacerado el alma y me ha dejado hecho jirones el corazón. Es cierto que para morirse -como dicen muchas y muchos- solo hay que estar vivo, pero es que uno no acepta tan fácilmente esa verdad, y menos cuando se trata de personas queridas y allegadas a uno, como en este caso.
    
La vida, ciertamente, tiene su ironía porque ustedes se imaginan…Ramón Almánzar venir a morir así, tan tranquilamente. Un hombre que desafió -durante muchos años- la dictadura ilustrada de Joaquín Balaguer y pudo sobrevivir.
    
Recuerdo algunos episodios donde este camarada “se vio al borde de la muerte”. Uno ocurrió aquí en Santiago, durante una protesta no recuerdo para qué. Sí conservo intactas en mi memoria las imágenes cuando Almánzar estuvo en el parque Duarte, el cual estaba rodeado por completo de efectivos policiales.
    
Se trataba de un dirigente guapo, que no temía al aparato represivo del sistema. Ese día Ramón llegó y de inmediato “le echaron el guante”. Pero eso sí, resistió como una fiera, por lo que los agentes le cayeron “como los pavos”.
    
Entre varios lo agarraron y uno le metió una llave “Stillson” por el cuello y lo estaba literalmente ahorcando. Creo que se salvó de chepa. Si no lo mataron esa vez, era porque en el parque había mucha gente, incluyendo muchos periodistas. Lo llevaron detenido y pudo recobrar su libertad días después.
   
 La otra situación que recuerdo, y es las más conocida, fue cuando lo detuvieron en Santo Domingo que en horas de la noche -si la memoria no me falla- lo trasladaron a Nagua. El propósito, en aquella ocasión, era desaparecerlo. No lo hicieron porque los medios de comunicación estuvieron muy activos, siguiendo a cada momento su situación.
    
Por eso es que hablo de la ironía de la vida. Ramón se le escapó en innúmeras oportunidades a los cuerpos represivos del balaguerismo, y miren como vino a morir, tranquilamente, víctima de un fulminante ataque cardíaco. El -que de seguro- habría preferido, cuando le llegara la parca, morir con las botas en los pies, o si no, con ellas el cuello o la cabeza.
  
Con su desaparición física, el movimiento revolucionario y popular pierden a una de sus figuras más emblemáticas, pues él estuvo al frente -y cuando no presente- en todos los movimientos de luchas y donde quiera que se reclamara respeto a los derechos humanos y se exigiera reivindicaciones para el pueblo sufrido y humilde.
    
A propósito, me viene a la memoria su activa participación en las jornadas para que Loma Miranda fuera declarada Parque Nacional. Con él me llegué a encontrar varias veces en el campamento establecido en esa zona de La Vega.
Quiero concluir con una especie “de carta post-mortem” que encontré en el muro de Facebook de mi amigo Temístocles Rojas, con la que me identifico “mil por mil”.
 
Querido camarada Ramón Almánzar:
Entre todos los deberes que nos ha impuesto la revolución, ninguno más penoso que este, que es el devolver a la tierra tus despojos mortales.
 
 No conseguimos atinar porque extraño giro del destino nos encontramos de pronto privados de la compañía y el sostén de tan entrañable camarada. No estamos despidiendo a quien hubiese recorrido el cielo de la existencia y llegado al fin por ley natural, a la hora del reposo, sino a quien apenas avanzaba en la senda de la vida y hacía brotar por doquier hermosas     esperanzas.
    
No damos sepultura a un carácter melancólico o pusilánime, sino a un hombre extraordinariamente activo que, con su valor, fue siempre fuente de inspiración a cuantos les rodearon.
   
 Tampoco estamos frente a uno de tantos del montón que aceptan dócilmente el papel alienante que a cada cual le reserva esta sociedad caótica y rapaz, sino ante el rebelde que descolló en la brega por transformar el mundo en beneficio de la mayoría necesitada.
    
No contemplamos la partida de un compañero más, sino la de un forjador del movimiento revolucionario y un genuino `fogonero` de la causa de los desposeídos. Nos ha dejado un valiente. Hemos perdido a uno de nuestros conductores más promisorios. Por cientos de razones, nos cuesta aceptar este cruel golpe del infortunio.

Hasta siempre, camarada y amigo. 

¡Seguimos en combate!