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Adiós Jhonny, adiós Che
Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  sábado 23 mayo 2015

Me veo en la necesidad de hacer un alto en la serie de Trincheras que vengo publicando -desde hace varios sábados-  donde relato las experiencias que viví en los Estados Unidos, donde estuve entre el 27 de marzo y el 26 de abril.
    
Obligado por las circunstancias, haré una pausa esta semana ya que no quiero dejar pasar por alto el fallecimiento -por separado- de dos valiosos amigos, que eran también  dos excelentes seres humanos: Uno vivía en esta ciudad y el otro en mi pueblo, Licey al Medio.
    
Se trata de Jhonny Cabrera y Pedro José Fernández, este último ampliamente conocido como El Che en la comunidad liceyana, y más entre los jóvenes deportistas, con los que trabajó duramente y por muchos años. Ambas muertes –ocurridas hace apenas días-  sorprendieron a muchas y muchos.

Jhonny Cabrera

Su repentino deceso en verdad, fue una sorpresa. Me cuentan que este amigo, de “long time” había estado en un resort de Puerto Plata a principios de mayo, donde compartió un fin de semana con sus más allegados familiares, incluidos sus hijos.

Hizo de todo lo que se hace en un resort: compartir, bañarse en la playa y en la piscina, comer, tomarse algunos tragos, etc. etc. Todo marchaba en completa normalidad.
    
El problema se desató cuando Jhonny –según me dijeron- se comió un pescado. Cuando regresó a Santiago debió ser llevado de urgencia a un centro asistencial privado, donde después de varios días expiró.
    
Los médicos, incluyendo su hijo Jhon Jhon (que es graduado en la Universidad Latinoamericana de Medicina de La Habana, la famosa ELAM), hicieron lo posible y lo imposible por mantenerlo con vida y devolverle la salud.
Más sin embargo, los esfuerzos resultaron inútiles.      

El pescado dizque le transmitió una peligrosa bacteria y no se pudo hacer nada. Fueron los comentarios que escuché, no sé qué tan de cierto tienen.
   
 Para quienes no lo saben -o no recuerdan- Jhonny Cabrera fue un pilar durante la administración de José Enrique Sued. Era un hombre de confianza del Alcalde ya que ambos se trataban desde muchos años atrás, incluso cuando Sued ni siquiera soñaba con llegar a la Sindicatura de este municipio.
   
Durante la gestión de Jose Enrique, Cabrera llegó a dirigir incluso el Departamento de Limpieza. Luego fue designado en la sede municipal y tenía una oficina en el antedespacho del Alcalde, quien quedó destrozado con esta muerte, me contaron.
    
En realidad, se trataba de una persona sumamente bonachona. Vivía relajando o con un chiste a flor de labios. Por eso tenía mucha gente que le quería. Su deceso, por tanto, provocó una honda conmoción no sólo entre sus allegados sino también entre aquellos que no le conocían tan de cerca.       

La noticia sobre su fallecimiento a mí, de manera particular, me cayó terriblemente mal, lo que manifesté en su oportunidad a través de las redes sociales.
    
No pude participar de las exequias fúnebres de este amigo ya que, ese día me encontraba fuera de Santiago y el sábado en la noche, cuando ya había sido sepultado, fue que Octavio Cruz me lo comunicó tras enterarse por intermedio de Lourdes Almonte, quien laboraba en la oficina de relaciones públicas de la Alcaldía en la pasada administración y, por lo tanto, conocía a Jhonny.
    
A sus familiares les transmitimos nuestra solidaridad plena. A Fifa -quien era su esposa- a sus hijos Jhon Jhon, Edward, Ney y demás, es difícil pedirles resignación. Pero que sean conformes con la voluntad de Dios, nuestro Creador. A Jhonny, que descanse en paz y que en gloria estés.

El Che

Otra muerte ocurrida por estos días -y que también nos sorprendió y nos causó hondo pesar, igual que la de Jhonny- fue la de Pedro José Fernández, El Che, quien era un activo promotor deportivo en Licey al Medio. A él, un inesperado infarto le arrancó la vida.
    
Ha sido una pérdida sensible para nuestra comunidad y, sobre todo para la juventud. Con este segmento de la población, este amigo trabajó durante años, principalmente con los amantes al voleibol y basquetbol aunque -con más ahínco- en la primera disciplina.
    
Organizó decenas de torneos y otras actividades tanto en la cancha del parque como en el Bajo Techo del kilómetro once. Gran parte de su vida lo dedicó a estas actividades de manera desinteresada y con mucha responsabilidad. El Che descuidaba hasta su trabajo cuando tenía por delante algún compromiso con sus muchachos.
    
Además de esto, era un ser humano excelente, con buenas relaciones y con una imagen totalmente transparente frente a la comunidad. Por eso, Licey ha perdido a un gran hombre, a un gran hijo.
    
Los jóvenes deportistas de mi pueblo han quedado -en gran medida- huérfanos. De seguro que la ausencia de El Che se sentirá en lo inmediato. El que se había entregado tanto a ellos, durante años.
    
¡La vida tiene su ironía! Hay personas que viven haciendo maldades, atracando, engañando, robando y “queseyó” cuantas diabluras más, y  andan por ahí tan campantes como el famoso whisky aquel, mientras que hay otras que aportan a la sociedad, que siembran cariño, respeto, amistad y brindan solidaridad, y esas tienen una existencia más efímera en la tierra.
    
Termino con Jorge Luis Borges: La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. ¡Adiós Jhonny, adiós Che. Siempre les recordaremos!

¡Seguimos en combate!